Credibilidad, liderazgo, compromiso, confianza, responsabilidad, pertenencia… Si tuviera que poner nombre a los objetivos perseguidos por la Comunicación Interna, sin duda estos serían algunos de ellos, sin los cuales sería imposible mantener a una organización interrelacionada.

Se trata de un proceso circular, en el que todos los miembros deben estar implicados porque la información emitida siempre tiene algún tipo de efecto, reacción y respuesta. Por tanto, la participación es un requisito imprescindible. De su calidad depende que todo el colectivo de la empresa potencie el trabajo en grupo, desarrolle confianza, brinde ayuda y comparta una visión fortalecida de sentimiento de pertenencia para crear relaciones dentro y fuera de la organización.

Como casi todo, nada tiene que ver la denominada comunicación interna que se origina en los años 70 con la que actualmente conocemos. En un principio, nace para dar respuesta a la creciente complejidad de las empresas. Se centraba, básicamente, en difundir y facilitar el intercambio de información de tipo laboral, de operativa y organizacional. Su finalidad cambia cuando comienza a prestar atención a cuestiones como las relaciones interpersonales, las normas de grupo, los modelos de liderazgo… Ya no se trata sólo de transmitir información a los empleados, sino de comunicar de manera activa a un colectivo que generará expectativas, percepciones y exigencias positivas. En definitiva, cambia cuando cobra especial relevancia y se pone el acento en el concepto de bidireccionalidad de la comunicación.

Y como en casi todo, es necesario evitar distorsiones, interferencias, limitaciones y ruidos, que son los que generan las principales disfunciones en cualquier proceso de comunicación, verbal y no verbal. Porque la comunicación interna no son solo palabras, escritas u orales. Son gestos, actitudes, comportamientos, silencios, sonrisas, sillas vacías, hábitos…

En cualquier caso, tangibles e intangibles, siempre alineados con un objetivo común: el negocio. Y gran parte de ese objetivo común tiene que ver con los empleados. ¿Por qué? Porque todos leen, escuchan, interpretan, disfrutan y son partícipes de toda la información que circula dentro de empresa, pero, además, son los primeros prescriptores fuera. Por ello, la comunicación interna también debe ser gestionada intencionadamente, con una previa planificación, con objetivos y resultados claros y concretos. Debe ser considerada como una herramienta que nos permita ser mas eficaces y efectivos dentro de la organización.

No hablemos, pues, de procesos de comunicación sino de organizaciones que comunican. Demos prioridad a un sistema de información y comunicación que dinamice los procesos a nivel externo e interno. A nivel externo para fomentar el conocimiento y reconocimiento entre los grupos de interés y la sociedad en general. A nivel interno para que se promueva la participación, la integración, la motivación y la convivencia.

Guadalupe Morcillo                                                                                                                                                                                Responsable de Comunicación

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